Desarrollo y crecimiento economico

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CRECIMIENTO ECONÓMICO Y CAMBIO ESTRUCTURAL

Lecciones de Economía Mundial

José Antonio Alonso
Carlos Garcimartín
Carmen Fillat

1. LA IMPORTANCIA DE LA DINÁMICA ECONÓMICA

El desarrollo económico y social constituye uno de los objetivos centrales hacia los que se encaminan las tareas de cualquier gobierno. Conseguir semejante objetivo no es, sin embargo, una tarea sencilla, especialmente para los países más pobres y vulnerables. Las dificultades se amplifican por las adversas condiciones que el entorno internacional impone a estos países en forma de proteccionismo agrario en los mercados industriales, de restricciones para acceder a la innovación tecnológica o de dificultades para insertarse de mane­ra estable en los mercados de capitales. Ahora bien, que constituya una tarea compleja no quiere decir que sea imposible. La historia más reciente puede aportar algunos casos ilustrativos al respecto.

Acorde con los datos de Maddison,_ dos países, España y Perú, tenían en 1960 un PIB per cápita similar, en el entorno aproximado de los 3.000 dólares, a precios de 1990. Desde entonces, los dos países emprendieron dinámicas económicas dispares, creciendo sus PIB per cápita respectivos a unas tasas anuales acumulativas, en valores promedio, del 4,0 por 100 y del 0,9 por 100, respectivamente. Esas diferencias acumuladas en el tiempo han dado lugar a situaciones notablemente desiguales, haciendo que en 2006 el PIB per cápita de España (18.872 dólares de 1990) multiplique por algo más de cuatro el propio de Perú (4.505 dólares).

Finalmente, comprobemos un caso de reversión en el nivel de desarrollo relativo de los países. En 1960, PIB per cápita de México era algo más del doble del correspondiente a Corea del Sur; y el de Argentina multiplicaba por cuatro el de aquel país asiático. En 2006, sin embargo, el PIB per cápita de Corea del Sur duplicaba el de esos dos países latinoamericanos (gráfico 1 c). El cambio descrito es consecuencia de que Corea del Sur creció en el período a una tasa anual promedio del 6 por 100, mientras México y Argentina lo hicieron al 1,9 y 1,2 por 100, respectivamente.

Los ejemplos señalados son suficientes para demostrar, en primer lugar, que el subdesarrollo no es un estadio imposible de superar: hay países que partiendo de situaciones de atraso económico han logrado imprimir a sus economías un ritmo de crecimiento suficiente como para aproximarlas a las condiciones de los países desarrollados; mientras otros, sin embargo, se han alejado de semejante objetivo. Como se ha visto, partiendo de situaciones similares hay países que han logrado alejarse tendencialmente de su entorno de comparación, a través de una dinámica sostenida de crecimiento. No todos los factores que motivan el éxito económico están bajo control de los propios países afectados, pero una parte de ellos sí lo están.

  • El marco institucional de que se dota un país
  • Las opciones de política económica y social que adopta pueden influir de forma cierta sobre su senda de crecimiento de medio y largo plazo.

Por ello, y es la segunda enseñanza de la revisión realizada, es importan­te comprender qué factores promueven la dinámica de crecimiento y cómo se puede influir sobre ella..

El modelo de Harrod-Domar

Aunque existen antecedentes notables en la explicación de la dinámica económica, el desarrollo de la moderna teoría del crecimiento se produjo a partir de mediados del siglo XX. Entonces, dos economistas, el británico Roy HARROD y el norteamericano, de origen ucraniano, Evsey DOMAR plantearon por separado un modelo similar, en el que se contenían en una versión altamente simplificada y sintética las relaciones dinámicas básicas de una economía. El modelo de Harrod-Domar descansa sobre dos supuestos relativamente simples.

  • El primero es que los hogares ahorran una proporción determinada de la renta que reciben: al crecer sus ingresos, crece también el volumen que ahorran, manteniéndose relativamente invariante la proporción.
  • A su vez, se considera que el stock de capital es proporcional al output que con él se obtiene: si se dispone de más capital, se obtendrá un mayor output. Esta relación puede variar entre países, pero se supone básicamente constante en el tiempo. Las razones de semejante supuesto no fueron nunca convincentemente argumentadas, si bien parecía un supuesto acorde con la experiencia empírica.
  • Adicionalmente, se considera que la inversión se dirige bien a incrementar el stock de capital, bien a reponer el capital amortizado. Es decir

I = ∆K +∂K

donde ∂ es la tasa de depreciación.

De acuerdo con Harrod y Domar, el crecimiento de la renta depende de tres factores:

A) la tasa de ahorro, que está condicionada por los hábitos de gasto de los hogares;

b) la relación capital producto, que refleja el modo en que las empresas determinan el capital que requieren para un volumen de producción deseado; y

C) la-tasa de depreciación del capital

Así pues, el crecimiento en equilibrio de una economía depende de la propensión a ahorrar y de la eficiencia agregada de su stock de capital: un resultado que parece acorde con la intuición económica.

El modelo neoclásico:


Fundamentación Básica

Aun cuando Harrod inauguró la nueva teoría del crecimiento, el modelo más influyente fue el elaborado por Robert SOLOW, premio Nobel de Economía, y por Trevor SWAN, que pasó a conocerse como el enfoque neoclásico estándar. El modelo parte de unos supuestos deliberadamente cercanos a los de Harrod-Domar, con una única excepción relevante: se sustituye el supuesto de una relación capital-producto fija por la posibilidad de combinar libremente los factores en la función de producción. Capital y trabajo son sustituibles, de modo que un mismo output puede obtenerse con diferentes combinaciones de factores.

El modelo de Solow pretende explicar cómo crece la producción nacional de bienes y servicio mediante un modelo cuantitativo. En el modelo intervienen básicamente la producción nacional (Y), la tasa de ahorro (s) y la dotación de capital fijo de la economía (K). El modelo presupone que el PIB nacional es igual al renta nacional (es decir, se supone la economía cerrada y que por tanto no existen importaciones).

La producción por otra parte dependerá de la cantidad de mano de obra empleada (L) y la cantidad de capital fijo (maquinaria, instalaciones, etc.) usado en la producción (K) y la tecnología disponible (si la tecnología mejorara con la misma cantidad de trabajo y capital podría producirse más, aunque en el modelo se asume usualmente que el nivel de tecnología permanece constante). El modelo presupone que la manera de aumentar el PIB es mejorando la dotación de capital (K). Es decir, de lo producido en un año una parte es ahorrada e invertida en acumular más bienes de capital o capital fijo (instalaciones, maquinaria), por lo que al año siguiente se podrá producir una cantidad ligeramente mayor de bienes, ya que habrá más maquinaria disponible para la producción.

En este modelo el crecimiento económico se produce básicamente por la acumulación constante de capital, si cada año aumenta la maquinaria y las instalaciones disponibles (capital fijo) para producir se obtendrán producciones progresivamente mayores, cuyo efecto acumulado a largo plazo tendrá un notable aumento de la producción y, por tanto, un crecimiento económico notorio.

Entre las predicciones cualitativas del modelo está que el crecimiento basado puramente en la acumulación de capital, sin alterar la cantidad de mano de obra ni alterar la tasa de ahorro es progresivamente más pequeño, llegándose a un estado estacionario en que no se produce más crecimiento y las inversiones compensan exactamente la depreciación asociada al desgaste del capital fijo.

Si introducimos el progreso técnico, las diferencias en los niveles de renta per cápita de los países se deben a la existencia de diversos niveles de ahorro (e inversión), crecimiento demográfico, depreciación del capital y tasa de progreso técnico. Al tiempo que las razones del crecimiento económico aparecen asociadas a la dinámica de acumulación de capital (si el país está alejado de su estado estacionario) y del progreso técnico (que, en este caso, se ha considerado exógeno).

2. CONTABILIDAD DEL CRECIMIENTO

Además de su más acabada fundamentación microeconómica, el modelo de SOLOW aporta una ventaja práctica de notable utilidad: a partir de su formulación, es posible derivar una contabilidad del crecimiento, capaz de inspirar el trabajo empírico sobre los factores promotores de la dinámica económica (Recuadro 3). La condición de un progreso técnico que crece en el tiempo a ritmo constante equivalente a λ puede formalizarse como eλt

En cuyo caso, se transforma en:

Aplicando logaritmos neperianos, se obtiene


La derivación con respecto al tiempo de la expresión (21), conduce a:

=

expresando en minúscula y con un punto arriba la tasa de crecimiento de las variables. De modo que el crecimiento del producto puede entenderse como el resultado de la agregación de tres factores: el crecimiento de las horas trabajadas, el incremento del stock de capital productivo y la tasa de progreso técnico (o incremento de la productividad total de los factores), λ.

La aplicación de este procedimiento a los países desarrollados revela la importante contribución que el progreso técnico ha tenido en la dinámica de crecimiento económico a lo largo del presente siglo. Entre un tercio y la mitad del crecimiento económico viene explicado por este factor.
Es en el período de la «edad de oro», entre 1950 y 1973, cuando las cuotas correspondientes a este factor se hacen mayores. En el caso de las regiones en desarrollo, sin embargo, buena parte del crecimiento descansa sobre la dinámica de expansión de los factores productivos, quedando un margen menor de contribución para los incrementos de productividad. De hecho, en alguna de las regiones (Africa y Oriente Medio), las aportación de este factor es negativa.

3. CRECIMIENTO ENDÓGENO

Pese a sus notables ventajas, el modelo de Solow conduce a un resultado paradójico. De acuerdo con el desarrollo realizado, el crecimiento de la renta per cápita depende del nivel de capitalización de la economía (relación capital-trabajo) y de la tasa de progreso técnico. El primer factor (nivel de capitalización) está sometido a rendimientos marginales decrecientes, por lo que en el límite conduce a un estado estacionario con nulo crecimiento; el segundo (el progreso técnico) corrige este resultado, pero la teoría no lo explica (porque lo considera exógeno). Cabria decir, por tanto, que el modelo elude explicar aquella variable que se revela crucial para justificar el crecimiento.

Para superar esta limitación, se produjeron a lo largo de la década de los ochenta diversas aportaciones renovadoras de la teoría del crecimiento. En esencia, estos nuevos enfoques se proponen explicar el crecimiento a partir de factores endógenos (es decir, factores que derivan de la propia dinámica económica y son causa de esa dinámica). Por expresarlo de forma sumaria, esas teorías se proponen encontrar un factor que:

I) sea generado por el propio proceso de crecimiento

ii) sea capaz de impulsar la dinámica económica

iii) no esté sometido a rendimientos marginales decrecientes.

Buena parte de las contribuciones identificaron al conocimiento como el actor buscado, ya esté materializado en bienes y procesos productivos (innovación), ya en las personas (capital humano): en ambos casos, los factores señalados reúnen esa doble condición de ser, al tiempo, fruto y causa del progreso, sin sujeción obligada a rendimientos decrecientes.

En principio, a efectos clasificatorios cabría agrupar los modelos de crecimiento endógeno en torno a tres grandes líneas de trabajo.

1. Una primera considera que el progreso técnico es una simple consecuencia de la existencia de externalidades asociadas al proceso de producción. Se piensa que el solo hecho de hacer uso del capital permite a los trabajadores incrementar sus niveles de formación (ese proceso es conocido por su expresión británica learning by doing). En ese caso, el progreso técnico se produce de forma espontánea, sin comportar costes que deban tomarse en cuenta. Modelos de este tipo son capaces de justificar tasas de crecimiento económico positivas a largo plazo sin la necesidad de acudir al incremento exógeno de alguna variable y sin abandonar los supuestos de la competencia perfecta.

2. Una segunda línea de trabajo ha tratado de integrar en la modelización del crecimiento un input adicional al capital físico, que es el capital humano, que acoge el conjunto de destrezas y conocimiento de las personas. Así pues, las personas ahorran con dos finalidades: incrementar su dotación de capital físico y ampliar su educación: a través de ambos esfuerzos inversores se pretende mejo­rar la capacidad de renta futura de las personas. Esta línea de investigación conduce a dos conclusiones relevantes:

  • en primer lugar, el esfuerzo que se realiza en inversión en capital humano no sólo afecta al nivel de la renta de equilibrio del país (como en el modelo de Solow), sino también a su dinámica de crecimiento;
  • en segundo lugar, aunque el capital físico muestre rendimientos decrecientes, el capital físico y humano tomados conjuntamente superan esa limitación, pudiendo alentar un proceso de crecimiento continuado en el tiempo.

3. Por último, una tercera línea de trabajo trata de afrontar la inclusión directa del esfuerzo innovador en la función agregada de producción, como una variable más. Se supone que el esfuerzo innovador se recompensa a través de la ventaja monopolista que consigue en el mercado el poseedor de nuevos productos (o nuevos input productivos) de los que carecen sus competidores. En este caso se supone que en los mercados rigen condiciones distintas a las de competencia perfecta, permitiéndose la generación de rentas asociadas a la ventaja que proporciona la innovación. Una innovación que, a su vez, alimenta el proceso de crecimiento económico.

4. CRECIMIENTO Y CAMBIO ESTRUCTURAL

El crecimiento debe analizarse como un proceso de transformación global de la estructura económica, tanto desde la perspectiva de la oferta como de la demanda.

PERSPECTIVA DE LA OFERTA

Atendiendo a la composición del producto de una economía, éste puede ser contemplado en su desagregación sectorial más simple como la suma de las producciones de los tres sectores básicos: la agricultura, la industria y los Servicios. De esta manera, el crecimiento económico total se expresa como la suma ponderada de los crecimientos sectoriales, siendo la ponderación el peso de cada sector en el conjunto. Si todos ellos crecieran a la misma tasa, también lo haría el producto agregado y no se alteraría la estructura sectorial. Sin embargo, la evidencia empírica revela que existen regularidades estadísticas que relacionan los niveles de desarrollo con la composición del producto.

Así, utilizando la clasificación de los países por nivel de renta per cápita que emplea el Banco Mundial, se constatan importantes diferencias en la estructura productiva (cuadro 3). En particular, se observa que la participación del sector agrario disminuye de forma continua a medida que aumenta el nivel de renta per cápita de los países, perdiendo 25 puntos porcentuales entre los niveles más bajos y más altos de desarrollo. Por su parte, la participación industrial muestra una forma de U invertida, con cifras similares entre los países más pobres y más ricos y valores superiores en los países de nivel intermedio. Finalmente, es el sector servicios el más claramente favorecido por el crecimiento de la renta, pues su peso en el total aumenta 27 puntos porcentuales entre los niveles más bajos y más altos de renta per cápita. Todo ello revela la senda que una economía sigue en su proceso de crecimiento, que pasa primero por una fase de industrialización —a medida que alcanza las primeras fases de desarrollo—, y de terciarización al llegar a la etapa de madurez.

CUADRO 3. Distribución del producto según nivel de desarrollo

(por 100 sobre el producto total) 2006

Nivel de renta per cápita

Agricultura

Industria

Servicios

Bajo

26

29

45

Medio bajo

13

41

46

Medio alto

6

34

60

Alto

1

27

72

Diferencia

-25

-2

27

Fuente: Banco Mundial

Una vez identificadas estas pautas básicas, cabe preguntarse por sus causas explicativas. En una economía cerrada la demanda de un determinado sector depende de:

  • sus precios relativos (respecto a los del resto de sectores),
  • de la renta nacional (que determina la capacidad adquisitiva de los consumidores)
  • de las correspondientes elasticidades precio y renta.

Así, es de esperar que una caída en los precios relativos del sector i provoque un aumento de sus ventas y, por tanto, de su peso en la producción total, sucediendo lo contrario en el sector alternativo j. A su vez, la evolución de los precios estará negativamente relacionada con las ganancias relativas de productividad: cuanto mayores sean éstas, menores serán los precios relativos y, por tanto, mayor la demanda y el peso de dicho sector en la producción total. Así, por ejemplo, en el caso del sector industrial, sus mayores ganancias de productividad podrían ayudar a explicar el aumento de su cuota en la producción total a lo largo del proceso de desarrollo.

Por otro lado, la renta también determina los cambios en la composición del producto, pues cuando ésta aumenta también lo hace la demanda de cada sector. En concreto, suponiendo precios constantes, un sector crecerá más que el conjunto de la producción y, en consecuencia, ganará peso en el producto global, siempre y cuando su elasticidad renta sea superior a la unidad. Todo ello viene a señalar que la composición de la demanda cambia con el nivel de renta: a niveles bajos de renta los consumidores tienen una mayor preferencia por los bienes de primera necesidad (principalmente relacionados con la alimentación), mientras que, a medida que dicha renta crece y se van cubriendo las necesidades inmediatas, su demanda se dirige a bienes industriales y a servicios.

La incorporación al anterior análisis de las relaciones económicas internacionales añade una explicación adicional a los cambios que tienen lugar en la estructura productiva: la especialización comercial intensificará la relevancia de determinadas ramas de la producción frente a otras (cuadro 4). A medida que aumenta el nivel de desarrollo se produce una clara reducción del peso del comercio de alimentos respecto al comercio total y un aumento de las manufacturas, intensificando, de este modo, la ya analizada ganancia de peso del sector industrial y descenso del agrario.

CUADRO 4.—Composición del comercio 2006

Exportaciones (% sobre exportaciones de mercancías)

Importaciones (% sobre importaciones de mercancías)

Nivel de renta per

Productos

Manufacturas

Productos

Manufacturas

cápita

agroalimentarios

agroalimentarios

Bajo

15

50

11

61

Medio bajo

10

71

5

71

Medio alto

8

58

6

78

Alto

4 6

78

7

72

Diferencia

-9

28

-4

11

Fuente: Banco Mundial.

PERSPECTIVA DE LA DEMANDA

Utilizando una descomposición básica de demanda, el crecimiento total de una economía es la suma ponderada del crecimiento del consumo privado, la inversión, el gasto público y las ventas y compras exteriores (éstas últimas con signo negativo), siendo la ponderación el peso de cada uno de estos componentes en el conjunto. Al igual que en el caso de la oferta, si todos ellos crecieran a la misma tasa, la producción total lo haría también a esa tasa y, por tanto, no se producirían cambios en la estructura de la demanda. No obstante, en la realidad se observan ciertas regularidades estadísticas que indican la existencia de una relación entre el nivel de desarrollo y los constituyentes de la demanda; es decir, de cambio estructural. Así, a medida que aumenta el nivel de renta se produce una reducción del consumo privado, de modo que mientras que en los países de menor nivel de desarrollo éste alcanza el 78 por 100 de los ingresos totales, en los países más desarrollados dicha cifra llega al 55 por 100 (cuadro 5). Cabría decir que cuanto más pobre es el país en cuestión, mayor es la proporción de la renta que hay que dedicar a los consumos básicos para atender las necesidades vitales, quedando menos margen para la inversión o el gasto público. Como contrapartida, un mayor nivel de desarrollo da lugar a un aumento del consumo público, lo que refleja la importancia creciente que tienen las acciones colectivas en la economía a medida que aumenta el nivel de renta: desarrollo del Estado de Bienestar o mayor relevancia de los bienes públicos, entre otras.

Por su parte, los gastos correspondientes a la inversión no muestran una relación tan clara con el nivel de renta. Las cifras más elevadas se registran en los estratos medios de renta, aunque las variaciones entre los distintos grupos son muy reducidas. Por el contrario, en el caso del ahorro, los países más pobres muestran cifras muy inferiores al resto. No obstante, cabe señalar al respecto que las teorías basadas en la hipótesis del ciclo vital advierten que, en realidad, la tasa de ahorro no depende tanto del nivel de renta como de su crecimiento, pues los individuos deciden su consumo y, por tanto, su ahorro atendiendo a la perspectiva de la corriente de ingresos que obtendrán a lo largo de su vida. Por tanto, la hipótesis del ciclo vital señala que la relación entre la tasa de ahorro y el nivel de desarrollo debería analizarse entre países con tasas de crecimiento similares. Esa es la idea que recoge el cuadro 6, donde se observa que para todos los niveles de desarrollo existe una relación directa entre la tasa de crecimiento y la tasa de ahorro: al aumentar la primera también lo hace la segunda. Al mismo tiempo, una vez que se comparan países con tasas de crecimiento similares, la relación positiva entre nivel de desarrollo y tasa de ahorro se hace más patente. Por último, en cuanto al comercio exterior, dos hechos resaltan de manera significativa. En primer lugar, que en los países de menor renta existe una brecha importante entre los pesos de las exportaciones y las importaciones, tendiendo a igualarse ambos a medida que aumenta el nivel de desarrollo. En segundo lugar, que el peso del conjunto del comercio exterior es sensiblemente menor en los países más pobres.

CUADRO 5.Distribución de la demanda según el nivel de desarrollo 2006

(% sobre la demanda total)

Nivel de renta

per capita

Consumo

privado

Consumo

público

FBC

Ahorro

bruto

Export.

Import.

Bajo

7.8

14

23

14

30

45

Medio bajo

68

16

25

22

43

53

Medio alto

63

15

24

19

53

56

Alto

55

21

22

22

48

46

Diferencia

-23

7

-1

8

18

1

Fuente: Banco Mundial

CUADRO 6.
Crecimiento, desarrollo y tasa de ahorro 2006

Tasa de crecimiento ( por 100) (media 2000-2006)

2-4

>4

Nivel de r.p.c

Tasa de ahorro

Diferencia

Bajo

10

17

18

8

Medio bajo

18

25

24

6

Medio alto

19

16

24

5

Alto

23

18

28

5

Diferencia

13

1

10

Fuente: Banco Mundial

Al igual que sucedía con las modificaciones de la oferta productiva, el cambio estructural en la demanda encuentra uno de sus principales determinantes en la composición de las preferencias sociales. Así ocurre en el crecimiento del consumo público, cuya elasticidad renta parece ser superior a la unidad, pues un mayor nivel de desarrollo suele venir acompañado de una mayor presencia del Estado en la economía, tanto por motivos de eficiencia como de equidad. En el caso del comercio exterior, su mayor presencia parece obedecer tanto a factores de demanda —mayor preferencia por la variedad por parte del consumidor— como de oferta —se intensifica el proceso de especialización.

EL CAMBIO ESTRUCTURAL COMO DETERMINANTE DEL CRECIMIENTO

En los epígrafes anteriores se ha hecho referencia al cambio estructural como una consecuencia del propio desarrollo de una economía. Sin embargo, el cambio estructural también puede ser un factor determinante del crecimiento. Para analizar esta segunda relación, basta recordar que el crecimiento económico puede medirse como la suma ponderada de los crecimientos de cada uno de los sectores, siendo el factor de ponderación el peso de cada uno de ellos en el conjunte. Por tanto, la aportación de un determinado sector al crecimiento total depende de dos factores: el propio crecimiento del sector y el peso que ocupe en la producción total. A su vez, la dinámica sectorial está condicionada por la acumulación de factores productivos en el sector y la evolución de su productividad. Siempre que se transfieran factores de los sectores de menor a mayor progreso de la productividad habrá un efecto sobre el crecimiento agregado de la economía.

Acorde con esta visión, el incremento del peso de los sectores industrial y de servicios, además de ser un efecto del crecimiento, ha sido también un factor promotor del mismo, al ser la productividad en estos sectores superior a la correspondiente al sector primario. Por el contrario, una vez alcanzado un nivel alto de desarrollo, el efecto del cambio estructural sobre el crecimiento total es mucho menor, dado que es el sector servicios el que gana protagonismo y en este sector las ganancias de productividad son normalmente menores que en la industria.

Así, por ejemplo, en el cuadro 7 se recogen las mediciones del efecto del cambio estructural para un grupo de seis países ofrecidas por Maddison (1997) en un ejercicio de contabilidad del crecimiento. Como puede observarse, en aquellos países donde el cambio estructural ha operado fundamentalmente en contra de la agricultura y la industria y a favor de los servicios, la contribución al crecimiento ha sido prácticamente nula. Por el contrario, en los casos donde el cambio estructural se ha dirigido fundamentalmente desde la agricultura a los servicios pero sin penalizar a la industria —o incluso favoreciéndola, como es el caso de Japón— la contribución al crecimiento del cambio estructural ha sido positiva, llegando en dicho país a suponer un aumento del crecimiento medio anual de 1,2 puntos porcentuales, lo que representa algo más del 15 por 100 del crecimiento total.

CUADRO 7. Contribución del cambio estructural al crecimiento

País

Variación en la distribución del empleo 1950-1992

(puntos porcentuales)

Contribución del

cambio estructural (*)

Agricultura

Industria

Servicios

R. Unido

-2,9

-18,7

21,6

0,01

P. Bajos

-10,0

-15,9

25,9

-0,09

EE.UU.

-10,1

-10,3

20,5

-0,02

Francia

-23,2

-6,8

30,0

0,27

Alemania

-19,1

-5,2

24,3

0,45

Japón

-41,9

12,0

29,9

1,19

(*) Contribución al crecimiento medio anual. En puntos porcentuales Fuente: Maddison (1997)

El cambio estructural también puede incidir sobre el crecimiento desde una perspectiva de demanda, al menos a través de dos vías.

  • En primer lugar, si el cambio estructural supone un aumento de la tasa de ahorro a medida que crece el nivel de renta, el propio desarrollo entrará en un círculo virtuoso, pues al crecer la renta aumentará el ahorro y la inversión, lo que, a su vez, promoverá un incremento de la renta.
  • La segunda vía a través de la cual el cambio estructural puede incidir sobre el crecimiento tiene relación con el comercio exterior. La especialización a la que conduce el comercio internacional promueve niveles superiores de renta per cápita, dado que se desplazan recursos hacia aquellos sectores donde su eficiencia relativa es superior. No obstante, se trata de efecto positivo pero que se agota en el tiempo una vez que se haya producido la nueva especialización. Ahora bien, si, además, se considera que el comercio internacional constituye una vía para la difusión internacional de tecnología, entonces la apertura a los intercambios internacionales puede ser una fuente de crecimiento permanente.

5. INNOVACIÓN Y CRECIMIENTO

A lo largo de los epígrafes precedentes se ha subrayado el papel crucial que la innovación y el cambio tecnológico tiene en la explicación del crecimiento económico. La innovación puede afectar a los productos o a los procesos de producción. La innovación de producto comporta el desarrollo de un nuevo bien o variedad, amplía la gama de bienes disponibles y mejora la calidad de los existentes; la innovación de proceso implica cambios en el modo de producir un bien, modificando los equipos, los procedimientos de trabajo o los modos de organizar la producción, y suele repercutir en una reducción de costes. En función del tipo de actividad implicada se distingue, a su vez, entre investigación, desarrollo e innovación (I+D+i).

  • La investigación implica la generación de nuevos conocimientos, y puede ser básica — si los conocimientos son teóricos o experimentales sin el objetivo de una aplicación directa — o aplicada, si tiene un objetivo práctico.
  • El desarrollo utiliza los conocimientos existentes para producir nuevos materiales, aparatos, productos, servicios, diseño de procesos, sistemas de producción o mejoras en los mismos.
  • La innovación alude a la obtención de resultados sustancialmente diferentes de los preexistentes.

Los países desarrollados suelen ganar productividad mediante el cambio tecnoló­gico, mientras que los países en desarrollo la incrementan, en mayor medida, mediante la apropiación y adaptación de tecnologías ya existentes.

Las teorías tradicionales de crecimiento consideran que la técnica es exógena, adquirida mediante el aprendizaje (learning by doing) o a través de procedimientos espontáneos que no generan costes; esta forma de ver el progreso tecnológico es compatible con la vigencia de competencia perfecta en los mercados. El progreso técnico, incluso aunque sea exógeno, puede tener efecto sobre la intensidad con la que se usan los factores en la producción, y con frecuencia se establece una distinción entre innovaciones ahorradoras de trabajo, ahorradoras de capital y neutrales.

La teoría del crecimiento endógeno, sin embargo, considera que la innovación es, en gran medida, fruto de un esfuerzo deliberado y costoso. Tales costes son susceptibles de ser recuperados por la empresa innovadora a través de las ventajas que le otorga su posición monopolista en el mercado, en la medida en que es capaz de aportar un valor al producto que no está al acceso de los competidores. En este caso, por tanto, en la medida en que hay ventajas monopolistas, los mercados no son de competencia perfecta. Además, el esfuerzo tecnológico se supone que mejora la productividad e impulsa el crecimiento, lo que mejora las condiciones de la economía para retribuir el esfuerzo innovador, permitiendo, a su vez, que haya más progreso tecnológico. En este caso se registra una relación circular entre crecimiento e innovación, que hace que el progreso tecnológico deba considerarse como una variable endógena.

La ventaja monopolista en los mercados que generan las innovaciones es tanto más resistente cuanto difíciles sean los procesos de difusión tecnológica. Existen diferentes mecanismos por los que las innovaciones se difunden, desde la imitación o las patentes, a otros como el comercio, la inversión extranjera directa o las licencias y asociaciones de empresas. No todas estas vías tienen, sin embargo, similar efecto. Por ejemplo, la importación de bienes intermedios avanzados supone una incorporación pasiva de tecnología, que mejora la productividad, pero no permite disponer del conocimiento técnico al país importador; sin embargo, el análisis de las características técnicas de los productos adquiridos y la imitación y adaptación de esas tecnologías no sólo reduce los costes sino que proporciona un aprendizaje, por lo que es una incorporación activa de tecnología.

El énfasis en la tecnología como determinante del crecimiento y de las diferencias de productividad, ha motivado que los países traten de poner en marcha políticas de apoyo a la I+D+i. Estas políticas están tanto más justificadas si se entiende que la tecnología tiene el carácter de un bien cuasi público: es un bien no rival y parcialmente excluible (es decir, es difícil limitar el acceso a una tecnología, porque fácilmente se difunde; y los beneficios de su utilización por parte de un agente, no priva que otro igualmente se beneficie de su uso). Este hecho hace que sea más difícil para el innovador rentabilizar su esfuerzo, lo que podría conducir a un desestímulo de la acción innovadora, con costes para .toda la sociedad. Dos son las vías a través de las que se trata de corregir esta tendencia: una primera es a través de un sistema de patentes, que garantice, al menos temporalmente, los derechos de propiedad del innovador sobre el nuevo bien o proceso generado; la segunda es a través de ciertos estímulos y apoyos a la acción innovadora por parte de los gobiernos: unos apoyos que serán tanto mayores cuanto básica es la investigación que se respalda.

La evidencia empírica revela que no todos los países están en iguales condiciones para generar y obtener provecho de las nuevas tecnologías. A los países pobres les afectan no sólo sus reducidas capacidades para generar tecnología propia (innovando), sino también para absorber la tecnología desarrollada por otros. Para que este último proceso se produzca es necesario que los países dispongan de recursos humanos formados, de un aparato productivo acorde con las necesidades técnicas de los nuevos bienes, de una investigación doméstica para acometer los procesos de adaptación y desarrollo de la nueva tecnología, así como de instituciones y políticas que favorezcan la estabilidad macroeconómica y el clima de inversión empresarial. Son todos ellos requisitos que los países en desarrollo cumplen en muy pequeña medida. De este modo, no es extraño que se mantenga e incremente la brecha tecnológica entre países. El gráfico 3 da cuenta de ese fenómeno: en él se refleja el gasto en I+D que los países realizan en relación con su respectivo PIB. Pues bien, la cuota correspondiente a los países de renta alta (2,4 por 100) multiplica por algo más de tres la correspondiente a los países de bajo ingreso (0,7 por 100). La relación sería todavía más desigual si se aludiese a los ingresos recibidos por los países corno consecuencia de su actividad innovadora (cobro de royalties y licencias): en este caso la relación entre los países de ingreso alto y los de ingreso medio es de 125 a 1, siendo todavía más marginal el dato correspondiente a los países de bajo ingreso.

Gráfico 3.Gastos en I+D como porcentaje del PIB (2005)


Renta alta            Renta media        Renta baja                                   Media Fuente: PNUD

6. LA CONVERGENCIA ECONÓMICA

La simple observación de los datos estadísticos revela que nos encontramos ante un mundo notablemente desigual. Ahora bien, ¿se percibe algún acercamiento entre los niveles de desarrollo de los países? En el caso de que tal proceso se produzca, cabría ser relativamente optimistas de cara al futuro: el mundo es desigual, pero camina hacia una creciente convergencia. En caso de que esto no sea así, los niveles de preocupación se verán amplificados.

El análisis de la relación existente entre el Producto per cápita de las regiones en desarrollo respecto al de la región líder permite desechar que, al menos con un carácter general, se haya producido, a lo largo del siglo, tendencia alguna a la convergencia (cuadro 8). De entre las diversas regiones, únicamente los referidos a Asia revelan, en la última de las etapas, un proceso de tendencial acercamiento a las condiciones del líder. No obstante, esta no es sino una primera imagen tosca del fenómeno que se quiere considerar.

Para que exista convergencia es condición necesaria (aunque no suficiente) que los países que parten de un nivel inferior de desarrollo mantengan tasas de crecimiento del PIB superiores a la de los países más ricos. Además, debe producirse una progresiva reducción de la dispersión existente entre los niveles de renta per cápita del líder respecto a las economías seguidoras. Uno de los investigadores que más ha trabajado a este tema, BARRO, popularizó el modo de expresar estas condiciones: denominó convergencia “α” la relación que expresa el mayor crecimiento de las economías seguidoras respecto al líder; y denominó convergencia “β”a la progresiva reducción en los niveles de dispersión de las rentas per cápita entre el líder y los seguidores.

CUADRO 8.Renta per cápita y relación con el líder en perspectiva histórica

Años

1820

1913

1950

1973

1980

2006

Renta per cápita (en paridad del poder adquisitivo en dólares 1990)

Europa Occidental

1.202

3.457

4.568

11.380

13.152

21.909

Nuevos países

1.202

5.233

9.268

16.179

18.060

29.950

Europa del Este

683

1.695

2.111

4.988

5.786

7.689

Antigua URSS

688

1.488

2.841

6.059

6.426

6.829

América Latina

692

1.481

2.506

4.504

5.412

6.444

Asia

584

883

918

2.049

2.486

5.172

China

600

552

439

839

1.067

6.048

India

533

673

619

853

938

2.598

Japón

669

1.387

1.921

11.434

13.428

22.462

África

420

637

894

1.410

1.536

1.662

Ratio de la renta per cápita respecto a la región líder

Europa Occidental

1

0,56

0,49

0,70

0,73

0,71

Nuevos países occidentales

1

1

1

1

1

1

Europa del Este

0,57

0,32

0,23

0,31

0,32

0,26

Antigua URSS

0,57

0,28

0,31

0,37

0,36

0,23

América Latina

0,58

0,28

0,27

0,28

0,30

0,21

Asia

0,49

0,17

0,10

0,12

0,14

0,17

China

0,50

0,10

0,05

0.05

0,06

0,20

India

0,44

0.13

0,07

0.05

0,05

0,08

Japón

0,56

0,26

0,21

0,70

0,74

0,75

África

0,35

0,12

0,09

0.09

0,08

0,05

Fuente: Elaboración propia sobre datos de Maddison

La teoría de Solow sugiere que las economías deben converger a su nivel de crecimiento en equilibrio (o estado estacionario). Este estado estacionario depende, de ciertos parámetros de la economía, como la tasa de ahorro, el crecimiento de la población y la tasa de progreso técnico. Cabe esperar, por tanto, que la convergencia se registre entre economías que tienen, cuando menos en estos tres ámbitos, parámetros similares; pero no necesariamente entre el resto. Este supuesto coincide con el hecho de que la convergencia se produzca entre economías, como las de la OCDE, que presentan parámetros más homogéneos; y que, sin embargo, no se observe cuando la muestra se amplía, dando acogida a un colectivo más heterogéneo de países. Se trataría, en este caso, de limitar la eficacia del proceso de acercamiento a los llamados clubes de convergencia, compuestos por economías de parámetros básicos similares. A este proceso se le suele denominar convergencia condicional o relativa (por oposición a la convergencia absoluta o sin restricciones).

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