La balanza de pagos

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TEMA 1. PANORÁMICA: PRINCIPALES RASGOS Y RETOS DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA.

CICLOS Y CRISIS ECONÓMICAS.

Las crisis económicas consisten en un deterioro significativo de las condiciones económicas de un país. (Con frecuencia se habla de crisis cuando la economía de un país registra tasas de crecimiento negativas durante al menos dos trimestres consecutivos en comparación con el mismo trimestre del año anterior). Estas suelen ser cíclicas. Entre los síntomas comunes a estas situaciones destacan: el aumento de las quiebras empresariales, el aumento del desempleo, la pérdida de renta real y riqueza; las caídas en inversión y consumo, sobre todo; y la depreciación de la moneda.

Por otro lado, estas son resultado de acontecimientos imprevistos, shocks externos, (guerras o crisis como la del petróleo en los años 70 y 80) o desequilibrios acumulados insostenibles originados por políticas macroeconómicas inapropiadas, burbujas de precio y regulaciones inadecuadas. Además, pueden adoptar la forma de: crisis financiera (como la actual), crisis de tipo de cambio o crisis de deuda soberana, referente a las finanzas públicas.

El deber de los dirigentes económicos debe ser evitar que se den crisis económicas o al menos suavizar sus efectos. Sin embargo, estas son difíciles de predecir, entre otras cosas porque no hay dos iguales. En este sentido debemos añadir que a menudo los analistas inflan sus previsiones por el interés que despiertan las expectativas en la economía. Por último, aunque hay ciertos aspectos que se puedan anticipar, las medidas a tomar para paliarlos suelen ser impopulares (p.E. Reducción del gasto).


EL ENTORNO INTERNACIONAL Y LA GRAN RECESIÓN.

En 2008 estalla la mayor crisis mundial desde la Gran Depresión de 1930. La banca y el sistema financiero global quedaron al borde del colapso y el crédito, sobre el que se había apoyado el crecimiento de las economías, se secó. En otoño cayó la actividad de la mayoría de los países industrializados; cayó el precio de la vivienda; las bolsas se desplomaron por el miedo que generaba la incertidumbre y la sensación de riqueza que generaba el consumo hasta el momento se quebró.

Entre las causas fundamentales de esta gran crisis destacaron los fallos en la regulación y supervisión del sistema financiero. Existíó lo que se conocíó con el nombre de light handed regulation que consistíó en una desregulación que degeneró en nuevos productos financieros no supervisados, banca en la sombra, ratings inadecuados… Además, la política monetaria de los años previos fue inadecuadamente expansiva. Por último, la acumulación de deuda que trajeron consigo las políticas expansivas, provocaron que el precio de ciertos bienes creciera hasta provocar una burbuja en sectores como el de la vivienda.

Para evitar la crisis de comienzos de siglo la FED bajó los tipos por debajo de lo que hubiera sido conveniente, lo que favorecíó la acumulación de deuda muy por encima

de los niveles saludables. A partir del año 2004 la FED decidíó subir los tipos para controlar la inflación en aumento que había provocado con las condiciones crediticias de principio de siglo. Esta subida de tipos afectó en especial al sector inmobiliario puesto que aumentó la morosidad hipotecaria subprime. Ya no había capacidad para devolver los préstamos pedidos en un principio. Así, se endurecíó la concesión de crédito y, por lo tanto, la demanda de vivienda se colapsó y los hinchados precios de la vivienda se hundieron provocando el pinchazo de la burbuja.

Sin embargo, el sector financiero también era partícipe de la construcción de la burbuja hipotecaria. Numerosas instituciones financieras crearon productos financieros (CDO’s: Collateralized Debt Obligation) en los que empaquetaban hipotecas para así obtener mayores rentabilidades sin apenas aumentar el riesgo. No obstante, estos productos conténían hipotecas de muy mala calidad o subprime y cuando estas dejaron de pagarse, el valor de dichos productos descendíó enormemente. Entidades como Lehman Brothers, AIG o Bearn Stearns dependían mucho de estos títulos y la caída de su valor provocó que quebrarán o que hubiera que rescatarlas. La burbuja ya había estallado.

La transmisión de la crisis se fraguó del siguiente modo. Como el sistema financiero se encontraba en apuros, el crédito se secó. Al no existir crédito, la actividad empresarial se redujo provocando el aumento del desempleo. Sin crédito ni empleo se pararon tanto el consumo como la inversión. Como había menos inversión y consumo, cayeron los beneficios empresariales y así los salarios. Todo ello provocó un descenso de los ingresos fiscales y un aumento en el gasto público que tuvo que aumentar para sufragar las ayudas al desempleo. Todos estos efectos negativos tienden a convertirse en un círculo vicioso que ha de ser bloqueado por las políticas macroeconómicas.

De este modo, la economía mundial quedó en una situación realmente complicada. Cayó la actividad empresarial de la mayoría de los países industrializados; muchas instituciones financieras de todo el mundo se situaron al borde del colapso; el desempleo aumentó de manera considerable; las finanzas públicas sufrieron importantes desequilibrios provocando aumentos en el déficit y por consiguiente de la deuda pública y hogares de todo el mundo se colocaron en una situación de tremenda dificultad por el desempleo y la pérdida de riqueza.

Tras el estallido de la crisis, se llevó acabó la reestructuración bancaria. En nuestro país se llevó a cabo la restructuración de las cajas. Además, se reforzó el capital de los bancos con dinero público (el sistema financiero español recibíó 60,000M). Por otro lado, se efectuó una política monetaria muy laxa. Los bancos centrales llevaron a cabo lo que se conocíó con el nombre de flexibilización cuantitativa provocando una caída de los tipos de interés a niveles del 0%.

Además de todos los efectos comunes a los países desarrollados, el efecto fue mayor en los países más endeudados y con peores perspectivas de crecimiento (Grecia, Portugal, Irlanda, España). Los mercados tomaron como más arriesgadas las inversiones en estas naciones encareciendo la financiación de los mismos. Se encontraron con importantes dificultades para financiar sus déficits dando lugar a rescates en Grecia, Portugal e Irlanda. (Comentario sobre la prima de riesgo de España: esta llegó a alcanzar los 600 puntos básicos en verano de 2012. En ese momento, nos financiábamos un 6% más caro que Alemania. A partir de ese pico, comenzó a descender principalmente por el

que aplicado por el BCE, pero también por la mejora económica del país hasta alcanzar los actuales niveles de 130 puntos básicos).


EL IMPACTO DE LA CRISIS SOBRE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA.

La crisis en España se tradujo en la contracción del PIB, una caída del -8% de 2008 a 2013 y el aumento del desempleo, desde el 11.3% en 2008 al 26.2% en 2013 (la media de la Euro Zona se situó en el 12% en 2013). Esta situación pedía que se llevaran a cabo políticas expansivas para la reactivación de la demanda (reducción de los impuestos, inversión y gasto público…). En cuanto a la situación financiera, se endurecíó la financiación para el sector público, las empresas y las familias, provocando una difícil situación puesto que se partía de un elevado endeudamiento inicial que había que refinanciar. Esta situación necesitaba de políticas contractivas (menos gasto, elevar los impuestos, desapalancamiento…).


LA RESPUESTA A LA CRISIS.

Tras el estallido de una crisis, se plantean dos problemas. En primer lugar, se ha de estimular la economía real, es decir, que la economía crezca y que el desempleo se reduzca y, en segundo lugar, se debe equilibrar la situación financiera, es decir, refinanciar y reducir la deuda pública. Sin embargo, existe un dilema entre ambos problemas. Por ejemplo, el aumento del gasto público puede generar más empleo y PIB, pero aumenta el déficit y, por consiguiente, la deuda. Para poner solución a estos dos problemas existen numerosas vías.

La primera vía es la austeridad. El gobierno, a través de la aplicación de políticas económicas contractivas (reducción del gasto público y/o aumento de los impuestos), pretende reducir los niveles de deuda o controlar su aumento. La reducción del nivel de deuda y el crecimiento de las economías están positivamente relacionados. De hecho, se calcula que en España una reducción del 10% de la deuda conllevaría el aumento de 1% del PIB. Además, la reducción de la deuda contrae la prima de riesgo de un país y, por tanto, los costes de financiación. El problema que tienen este tipo de políticas es que inicialmente son procíclicas. En un primer instante, generan un impacto negativo en la renta y el empleo. Además, suelen ser medidas bastante impopulares.

La segunda vía son las políticas expansivas. A través de la aplicación de políticas fiscales y monetarias de estímulo se pretende reanimar la actividad económica nacional. La primera de estas medidas, fue el que (Quantitative Easing) aplicado por el BCE a partir del año 2014. Esta medida consistíó en la compra masiva de bonos de los países europeos para facilitar su financiación. (Más demanda de estos títulos, aumento del precio y caída por tanto de los intereses). A través de esta medida se pretendíó estimular la demanda y así crecer, pero en condiciones normales esto generaría una elevada inflación, que no terminó de llegar dadas las condiciones actuales. El problema de estas medidas es que, aunque estimulen el crecimiento en el corto plazo, empeoran los problemas financieros y de deuda en el largo plazo. Además de agravar el problema de la deuda, se

mutualiza la deuda entre los países y se desincentivan las reformas a realizar. (¿habría que añadir el Plan E? Y la duración recomendable de estas medidas).

La tercera vía que se plantea para salir de una crisis son las reformas. A través de una serie de medidas se pretende mejorar el funcionamiento de la economía para que gane competitividad y se pueda generar crecimiento sin generar más deuda. Es una forma de escapar del dilema austeridad-crecimiento. Estas medidas suelen ser estructurales (regulación laboral, administraciones públicas, fiscalidad…) y pretenden fortalecer la competitividad. Se habla también de devaluación interna, es decir, reducir costes, ganar en competitividad, exportar más y crecer por esa vía. El problema de estas medidas es que inicialmente agravan las crisis y son de gran impopularidad (cuando hablo de impopularidad, no quiero decir que sea un problema en sí la impopularidad, sino que esta invita a que los políticos de algún modo se achanten) y tienen un efecto negativo sobre la renta.

Por último, existe una cuarta vía que requiere de la asistencia financiera externa condicionada a la adopción de reformas. Es una fórmula que ha sido empleada en los rescates de Irlanda, Grecia y Portugal. En España se ha empleado con el rescate a las cajas (que no bancario) en 2012. Se recató a las cajas en especial a Bankia con dinero europeo, con la condición de la adopción de una serie de reformas en el sector financiero.

En España se han adoptado las 4 vías. Desde 2010 se ha ajustado el gasto público total un 6.24% de 2009 a 2014 (reducción salarial y del número de empleados del sector público y reducción de la inversión pública). Por otro lado, como he comentado, el BCE puso en 2014 las medidas de flexibilización cuantitativa. Además, se han llevado a cabo la reforma laboral, del sistema de pensiones y se ha restructurado el sistema financiero. Y, por último, se ha financiado el rescate de las cajas desde 2012 ligándolo a la restructuración del sector financiero.

Como resultado, el sistema financiero, aunque mantenga importantes desajustes, ha sido estabilizado; se han reducido los costes de financiación (menos prima de riesgo); se ha mejorado la competitividad del país y el PIB crece por encima de la media europea. No obstante, aún persisten los problemas del elevado paro 18% y del endeudamiento, la deuda pública se encuentra cercana al 100% del PIB.


LA ECONOMÍA ESPAÑOLA HOY (2016-2017).

Las medidas comentadas han tenido una serie de efectos sobre nuestro país provocando crecimiento económico. Pese a que el mundo crece a menor ritmo, España crecíó por encima del 3% en 2015 y 2016 y se prevé que crezca un 2.5% en 2017 (la media de las economías desarrolladas está en torno al 2%). Las reformas, la devaluación salarial y el tirón del sector exterior han facilitado que ganemos en competitividad y exportemos más. Además, la actual política monetaria híper-expansiva ha ayudado a que gastemos menos en financiación y a que haya más dinero en funcionamiento. Al ser más competitivos y haber más dinero en circulación, los resultados empresariales han mejorado y se ha generado más empleo. La tasa de desempleo ya está por debajo del 20%, aunque sus cotas son excesivamente elevadas de momento. (comentar respecto a este punto que la liberalización del mercado laboral ha ayudado a la creación de empleo. Se

estima que 1 de cada 3 trabajos obtenidos desde la crisis son gracias a esta reforma). Por otro lado, el crecimiento debería ayudar a reducir la deuda. No obstante, la deuda pública se mantiene cerca del 100% del PIB. Por último, existe lo que se conoce como vientos de cola. El precio de ciertas materias primas como el petróleo han caído aumentando la renta real de las familias y reduciendo los gastos de las empresas.


RETOS PENDIENTES DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA.

Pese al crecimiento de los últimos años, la economía española debe progresar en una serie de líneas que a día de hoy lastran su crecimiento y estabilidad. En primer lugar, pese a que ha habido una mejora, existe un desequilibrio presupuestario que año tras año se traduce en déficit y, por tanto, en generación de deuda. En segundo lugar, el desempleo es seguramente el principal problema económico y social de España, puesto que este arrastra todos los demás problemas. Actualmente, la rígida regulación y la falta de capital humano provocan que la tasa de desempleo doble a la de la media de la Eurozona. Por otro lado, se han dado los primeros pasos de restructuración del sistema financiero, sobre todo en las antiguas Cajas de Ahorro. Se ha recapitalizado y aumentado la solvencia y se han transferido buena parte de los activos deteriorados a la SAREB. No obstante, queda un largo camino por recorrer. Asimismo, se deben emprender reformas en las administraciones públicas, en la administración de justicia y en los procedimientos mercantiles y administrativos. Por último, se ha de consolidar la balanza de pagos, es decir, nuestras empresas deben conservar la competitividad que han ido recuperando durante el tiempo de crisis. De este modo, la producción del país aumentará y la entrada de divisas será mayor que la salida lo que contribuirá al fortalecimiento del euro.


TEMA 2. CRECIMIENTO, CICLOS Y ESTRUCTURA PRODUCTIVA DE ESPAÑA.

CONCEPTOS ECONÓMICOS.

(Supongamos que vamos a realizar una inversión/iniciar un proyecto empresarial en España. ¿Por dónde empezaría a examinar las perspectivas para su negocio? Además de analizar el sector en el que vamos a actuar, analizaríamos la Macroeconomía).

Para analizar la macroeconomía de España no es suficiente conocer que el PIB ronda 1 billón de euros. Para valorar la situación económica en términos de producción, será necesario también saber la cantidad de recursos (personas, capital…) empleados, es decir, la productividad. También, debemos conocer los recursos disponibles empleados, es decir, la brecha de producción.

  • ✓  PIB: Valor total del conjunto de bienes y servicios finales producidos por un país en periodo de tiempo, normalmente un año.

  • ✓  PIB Potencial: es el PIB que se obtendría si la economía usara toda la capacidad productiva instalada y ocupara todos los trabajadores (por encima de la tasa natural de desempleo), sin aumentar la inflación. Esto es, el nivel de producción máximo que un país puede alcanzar con el trabajo, capital y tecnología existentes, sin provocar presiones inflacionistas

  • ✓  Output Gap: es la diferencia entre el PIB real y el PIB potencial. En las fases expansivas, la actividad económica se mantiene durante un periodo de tiempo por encima de su potencial, generándose un output gap positivo, asociado con presiones inflacionistas. En las recesiones, ocurre lo contrario: la actividad económica cae por debajo de su nivel potencial y el output gap es negativo, caracterizando a periodos de ajuste en la actividad que generan tensiones a la baja sobre la inflación.

  • ✓  Prima de Riesgo: diferencia entre el interés del bono alemán a 10 años y el bono de otro país a 10 años. Es una medida comparativa del riesgo entre el país teóricamente más seguro que es Alemania y el país estudiado. A través de esta medida conocemos las diferencias en costes de financiación entre países. En la actualidad la prima de riesgo española ronda los 130 puntos básicos (1.3%). Esto supone que nos gastamos de media un 1.3% más que Alemania en financiación


  • ✓  Tipo de Interés Real: El tipo de interés real es la rentabilidad nominal o tasa de interés de un activo descontando la pérdida de valor del dinero a causa de la inflación. Su valor aproximado puede obtenerse haciendo la diferencia entre el tipo de interés nominal y la tasa de inflación.

  • ✓  Tipo de Interés Nominal: la rentabilidad sin ajustar la pérdida de valor del dinero por causa de la inflación.

  • ✓  Política Fiscal (Expansiva/Contractiva): entendemos como política fiscal expansiva aquella que pretende estimular a una economía en crisis. Para ello, se aumentará el gasto público y se reducirán los impuestos, procurando que el flujo del dinero sea mayor. Cabe mencionar que esta medida aumenta el déficit presupuestario. Entendemos como política fiscal contractiva aquella que pretende frenar el crecimiento de la demanda agregada, por ejemplo, en tiempos de bonanza económica, a modo de control de la inflación. Se caracteriza por la disminución del gasto público y el aumento de los impuestos.

  • ✓  Política Monetaria (Expansiva/Contractiva): La Política Monetaria Expansiva se caracteriza principalmente por tratar de estimular el tamaño de la oferta monetaria de un país. Los responsables de su control, son generalmente un banco central u otro poder económico similar. Se suele emplear en tiempos de crisis cuando se pretende reactivar la demanda agregada. Una política monetaria expansiva provoca que bajen los tipos de interés y que el ahorro sea menos atractivo y se genere más gasto. Además, se concederá más crédito puesto que es más asequible pagar los intereses (ejemplo que). Por su parte, una política monetaria contractiva persigue el efecto contrario, reducir la excesiva demanda agregada, y aumentar el ahorro. A través de una subida de tipos de interés el ahorro se vuelve más atractivo y se reduce, por tanto, el consumo.


ESTRUCTURA DEL PIB ESPAÑOL.

El primer comentario que podemos hacer respecto del PIB en España es que ha experimentado un fuerte crecimiento desde 1990 hasta 2017 pese a que la economía española ha sufrido dos importantes crisis. Si nos centramos en este siglo, el crecimiento desde el año 2000 hasta 2015 ronda el 65%. En cuanto a la estructura fundamental de la demanda agregada: el consumo en España ronda el 60% del PIB; el gasto público el 20%; las inversiones el 20%; las exportaciones el 30% y las importaciones el 30%. El consumo es, por lo tanto, el elemento cuantitativamente más importante. Es por ello, que en tiempos de crisis la política económica procura sostener este factor. Por otro lado, la inversión es el elemento más volátil, lo cual quiere decir que en tiempos de bonanza aumenta y en tiempos de crisis se resiente (27% en 2010 vs. 20% en 2012). Y, por último, el sector exterior español es comparativamente más débil. Esto supone que tengamos mayor necesidad de endeudamiento y, por tanto, de financiación exterior. En concreto, nuestras exportaciones alcanzan el 30% del PIB, mientras que las de la Eurozona superan el 40%.

En cuanto a la estructura del empleo de economía española por sectores, debemos observar en primer lugar el cambio en la composición desde 1970. Cuarenta años atrás, agricultura y pesca ocupaban casi el 40% de nuestro empleo, mientras que ahora no conforman ni el 5%. Se observa también en este tiempo la terciarización de la economía, es decir, el incremento del peso del sector servicios en la economía.

Actualmente supone el 75% de nuestro empleo se dedica a este sector económico, el doble que hace 40 años. Por su parte, es remarcable el aumento del sector de la construcción a comienzos de siglo. Finalmente, destaca el peso relativamente pequeño de la industria, que se sitúa en un 13.6%, y cómo ha ido perdiendo protagonismo desde 1970, cuando supónía el 25,3% del total de empleos.


PIB PER CÁPITA Y PRODUCTIVIDAD.

Si observamos la tasa de producción española por habitante, PIB per cápita, nuestro país se encuentra en el puesto 31o del ranking mundial con 23,300€ de producción por habitante. Si como comparación echamos un vistazo nuestros vecinos, podemos ver como la gran mayoría produce más que nosotros por habitante (Italia, Francia, Alemania…) y en algunos casos el doble o más del doble de los que nosotros producimos por habitante (Irlanda, Dinamarca, Noruega…). Este dato debería resultar alarmante.

El PIB per cápita nos muestra la productividad de un país. La productividad no es más que la capacidad de producción por unidad productiva (ya sean trabajadores, capital…). En este sentido, la productividad mide la eficiencia en la producción de bienes y servicios. La riqueza per cápita solo puede crecer por dos vías. Más porcentaje de la población trabaja o la productividad del país aumenta. En España, la productividad laboral promedia es relativamente baja, pese a contar con sectores al mejor nivel mundial (dualidad de la economía). Cabe mencionar a estos efectos, que al contrario que en otros países, existe una correlación negativa entre crecimiento y productividad. Es decir, en épocas de expansión se crean empleos malos, de baja calidad y baja productividad y la productividad media decrece; mientras que, en épocas de crisis se destruyen gran parte de estos empleos malos y la productividad media aumenta.

A través del análisis de los ratios presentados en el anterior cuadro, podemos interpretar que el PIB per cápita es menor en primer lugar puesto que la tasa de empleo de nuestro país es relativamente baja. Por otro lado, si calculamos el PIB por hora trabajada, observamos que tenemos una amplia desventaja en términos de productividad.

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En cuanto a la desventaja en productividad, existen al menos dos evidencias al respecto. En primer lugar, contamos con una menor dotación de capital humano (Esta se mide a través del número promedio de años de escolarización de la población adulta. Entre España y EEUU existe una diferencia del 28%). Por otro lado, contamos con menor capital tecnológico (Se mide a través del gasto en I+D. Entre EEUU y el UE8 y España existe una diferencia del 52%). Existirían otros factores, que podrían ser síntomas más que causas, como la especialización sectorial de la economía española en sectores de bajo valor añadido o el tamaño empresarial.


PIB, CRECIMIENTO Y CICLOS.

Como comentamos al principio del tema anterior las economías atraviesan momentos de crisis y momentos de bonanza o expansión a los que llamamos ciclos. Los resultados empresariales dependen crucialmente del momento en que se realiza la inversión o actividad. Por ello, antes de entrar en un mercado es fundamental conocer su ciclo. En este sentido, cabe añadir que las fases de expansión tienden a durar más que las recesivas, pero que las recesiones suelen ser más agudas.

Para interpretar los ciclos económicos, es necesario conocer las causas. Pese a años y años de debate, sigue existiendo controversia en este aspecto. Por un lado, la Escuela del ciclo económico real, afirma que los ciclos son la respuesta eficiente de la economía a shocks de distinto tipo. Es decir, se pone énfasis en el desajuste de la oferta (los shocks son de oferta). Esta corriente cuenta con un adecuado fundamento lógico, pero con ciertas dificultades empíricas. Y, por otro lado, la Escuela keynesiana, que enuncia que los ciclos son el resultado de la incapacidad del mercado para ajustarse de manera eficiente a los diferentes tipos de shocks. Este enfoque enfatiza en el desajuste de la demanda (los shocks son de demanda). Esta escuela cuenta con un fundamento lógico más débil, pero con un mejor ajuste empírico. De lo que no cabe duda, es de que los ciclos reflejan que durante las expansiones suelen acumularse una serie de desequilibrios, ya sean de oferta o de demanda, que han de ser corregidos en los momentos de recesión.

Pese a la dificultad que encierra, es posible conocer en qué fase del ciclo nos encontramos atendiendo al output gap (PIB – PIB Potencial). Conocer la fase del ciclo permite a las empresas acertar con las decisiones de inversión/desinversión y expansión/contracción. Por su parte, su conocimiento es fundamental en la toma de decisiones de política económica. Cuando tenemos un output gap negativo, la economía produce por debajo de su potencial, será necesaria una política económica expansiva; mientras que, si el output gap es positivo, la economía produce por encima de su potencial, será necesaria una política contractiva. Siguiendo el ciclo español, y también el de la OCDE, desde 2013 se ha reducido el output gap negativo, con lo cual tiene lógica que vayan tocando a su fin las políticas de estímulo como el que. (ESP: 2013: -8.5% – 2017: -1.4%; EU: 2013: -3.4% – 2017: -1,0%).


PRECIOS E INFLACIÓN.

Para analizar una economía es también fundamental atender al nivel de precios. La medida comúnmente empleada a este efecto es el IPC (Índice de Precios al Consumo). Este indicador económico valora los precios de un predeterminado conjunto de bienes y servicios (cesta familiar). Se dice que es el precio de la vida en un país. La inflación es la tasa de crecimiento del nivel de precios. Cuando tenemos una alta inflación significa que existe una subida considerable de los precios y cuando es baja no es tan pronunciada. Si la tasa de cambio del nivel de precios es negativa, hablamos de deflación. Además del IPC, existen otras medidas para conocer el nivel de precios de una economía. El PPI (Índice de Precios de Productores) es un indicador de precios que mide el cambio medio en los precios recibidos por los productores nacionales por su producción. Por su parte, el deflactor del PIB (PIB nominal / PIB real) mide el coste de la producción de un país. El problema del IPC es que para su cálculo otorga una serie de ponderaciones a los diversos bienes y servicios (alimentos y bebidas no alcohólicas: 18.2%; Vivienda, agua, electricidad: 11.7%; Hoteles, restaurantes, etcétera: 11.5% …), por tanto, está sesgado y el sesgo puede estar desviado.

Entre los años 80 y 90, con la peseta, la inflación en España era excesivamente elevada (6%-14%); entre los años 90 y comienzos del 2000 se rebajó (2%-4%), pero continuaba siendo relativamente alta respecto a otros países; en la actualidad ronda está cercana al 0%. Por otro lado, la medida de la inflación presenta una serie de inconvenientes: los cambios nominales deberían ser neutrales, pero no lo son; Los salarios y los impuestos se establecen en términos nominales, por lo tanto, aumenta la presión fiscal si el sistema tributario no se revisa con la inflación; el coste de tener dinero efectivo aumenta, puesto que las tasas nominales de interés de los depósitos bancarios y los activos financieros crecen con la inflación; agrava el problema de los costes de menú para las empresas asociadas a cambios frecuentes en los precios y, por último y más importante, dificulta el crecimiento a largo plazo.

Por último, debemos mencionar los desajustes que provocan tanto inflación como deflación. En primer lugar, el aumento de precios, desalienta el ahorro y alienta la generación de deuda; provoca imprevisibilidad en el entorno y, de este modo, en la planificación; tiende a persistir en el tiempo, es difícil de revertir y su reducción tiene un alto coste (recesión, desempleo…). En cuanto a la deflación, esta fomenta el ahorro y desalienta el consumo; es mala para el crecimiento de la demanda agregada de los países, por tanto; aumenta la carga de la deuda; tiende a persistir y es muy difícil de revertir.


TEMA 3. ENTORNO EUROPEO Y SECTOR EXTERIOR.

Invertir en España significa invertir en la UE. Muchas decisiones económicas importantes (tipo de cambio, tipos de interés, supervisión bancaria…) se adoptan por instituciones de la UE, no por instituciones españolas. Del mismo modo, ciertas garantías (financieras, políticas, normativas…) son dadas por la UE, no por España. Por otro lado, Europa es “un edificio en construcción” y es muy importante aclarar sus cambiantes y ambiguas reglas e instituciones.


ENTORNO EUROPEO: INSITITUCIONES Y PANORÁMICA.

La organización y funcionamiento de la UE se articula sobre tres instituciones. En primer lugar, el Parlamento Europeo, también conocido como Eurocámara, es la institución parlamentaria que representa directamente a los ciudadanos de la Uníón. Tiene, fundamentalmente, tres tareas: examinar y adoptar la legislación europea, aprobar el presupuesto de la UE y efectuar un control democrático de las otras instituciones. Además, ha de dar el visto bueno a acuerdos internacionales importantes tales como la adhesión de nuevos Estados miembros de la UE o acuerdos de asociación y comercio entre la UE y otros países. En segundo lugar, el Consejo de la Uníón Europea es la Institución de la Uníón Europea en la que se encuentran representados los estados miembros a través de representantes con rango ministerial, y a la que corresponde, junto con el Parlamento Europeo, las funciones legislativa y presupuestaria. Ejerce también funciones de definición de algunas políticas y de coordinación, en los términos fijados por los Tratados. Por último, la Comisión Europea, es el órgano ejecutivo, aunque ejerza capacidades co-legislativas. Se encarga de la aplicación de las decisiones, la defensa de los tratados de la Uníón, del día a día de la UE y de proponer la legislación. Actúa como un gabinete de gobierno, con los 28 miembros de la comisión. Hay un representante por cada Estado miembro, aunque los miembros están obligados a representar los intereses de la UE. Entre las tres instituciones existe un proceso de decisión complejo, pero consensuado.

Por otro lado, existen una serie de instituciones que regulan la actividad de diferentes ámbitos dentro de Europa. Así, el Banco Central Europeo, es el banco central de los países de la Uníón Europea que tienen el euro como moneda; el Tribunal de Cuentas se encarga de la fiscalización y el control de las cuentas de la Uníón Europea; el Servicio Europeo de Acción Exterior actúa como máximo responsable de la acción exterior de la Uníón, en todos los ámbitos de su actividad; el Banco Europeo de Inversiones es el órgano financiero comunitario, etcétera.

La UE funciona a través de una uníón comercial que permite a los países miembros el libre movimiento de bienes, capitales y personas; no existen por tanto aranceles de ningún tipo. La Uníón cuenta con una serie de comunes políticas (la Política Agrícola Común, la solidaridad interterritorial, la política exterior…) e instituciones (las ya mencionadas). Por su parte, la UE tiene una estructura de gobierno económico y políticos atípico. Por un lado, cuenta con una moneda única, pero por otro, los presupuestos, los impuestos o las leyes laborales son nacionales. Esto podría no ser un problema en situaciones de estabilidad, pero genera muchos problemas cuando hay que realizar ajustes, políticas de estabilización, restructuración del sector financiero…

En principio, la teoría explica que cualquier uníón de países como la europea, debe adoptar una moneda única en una regíón si los beneficios de tener esa moneda superan a los costes. En caso de que eso ocurriera esa regíón sería un Área Monetaria Óptima. Esta situación implica que haya libre movimiento de factores; ciclos económicos similares y la capacidad de la política fiscal y monetaria para estabilizar la economía y repartir los costes. Sin embargo, la UE no es un Área Monetaria Óptima. En una parte de la UE hay una uníón monetaria que, inicialmente, no fue acompañada de una uníón fiscal o bancaria. Existe una moneda única y un banco central que se ocupa de las políticas monetarias. Sin embargo, como hemos comentado, al no existir uníón fiscal y monetaria, la recuperación o normalización en situaciones de crisis se vuelve mucho más complicada. Por ello, tras la crisis financiera de 2008, se han adoptado medidas importantes para avanzar en la uníón fiscal y bancaria.


LA UníÓN FISCAL

Como hemos comentado, los tiempos de crisis hacen palpable la necesidad que tiene la UE de conseguir una uníón fiscal. Dicha uníón se hace necesaria puesto que un déficit nacional elevado perjudica a la propia economía del país y tiende a elevar los costes financieros del resto y a devaluar la moneda. Esta situación es similar a la que vive España con las diversas CCAA. Por otro lado, en situaciones en situaciones extremas, como la reciente crisis financiera, también amenaza la viabilidad financiera del país y sus posibilidades de que se mantenga en la Uníón Monetaria. Finalmente, la crisis reabríó el debate de cómo han de repartirse los costes de las políticas de estabilización.

Antes de la crisis, en Europa se firmó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y ciertas medidas de armonización fiscal. Entre ellas destacan el no rescate de estados miembros (no bail out), que ya parece haberse incumplido con los rescates a países como Grecia; los topes de déficit público, 3%, y deuda pública, 60% y la creación de un régimen sancionador que sancione a los países que superen estos límites. Sin embargo, en la práctica esta aplicación de medidas ha sido laxa y más bien poco eficaz.

Es por ello que a partir de 2012 se han aprobado nuevas y complejas medidas de control y prevención. El llamado Six Pack articula un brazo preventivo a través del que se introducen más criterios de valoración y procedimientos de control más ágiles para permitir una reacción más temprana y un brazo correctivo que prevé criterios de reducción de deuda cuando esta exceda del 60% y nuevas sanciones financieras. Por su parte, a través del Fiscal Compact, se obliga a los países a trasladar a las leyes nacionales un presupuesto equilibrado a lo largo del ciclo. Además, impone la obligación de que una institución financiera independiente valore la situación fiscal. No obstante, se mantiene cada política fiscal nacional. Cada país tiene sus impuestos, presupuestos, políticas de gasto público… Aunque es demasiado pronto para valorar los resultados, se mejoran los criterios y procedimientos, pero se introduce complejidad y quizá la posibilidad de discrecionalidad en la aplicación.


LA UníÓN BANCARIA.

Actualmente la UE cuenta con supervisores y reglas distintas para cada país. Este hecho provoca una importante fragmentación del sistema financiero. Entre las principales irregularidades que esta situación provoca destacan la distorsión del mercado financiero

porque los costes financieros y el rating de cada entidad está vinculado a su país de origen; además, se distorsiona otros mercados porque el acceso al crédito y su precio varía de un país para otro. Por su parte, crea problemas de supervisión porque los bancos operan en varios países y el supervisor solo en uno y, por último, se adapta mal a una política monetaria única.

El sistema financiero europeo está formado por varias instituciones que lo dirigen y supervisan. De este modo, el BCE se encarga de la política monetaria de la zona Euro y la supervisión bancaria y la EBA (Autoridad Bancaria Europea) trabaja en la adopción de guías y normas técnicas vinculantes en la UE, además de realizar las pruebas de resistencia (stress tests) a los distintos bancos. Por otro lado, el MUS (Mecanismo Único de Supervisión) se trata de un mecanismo de supervisión formado por el BCE, los representantes de los bancos centrales nacionales y los bancos de importancia sistémica de la zona euro. El MUS supervisa, inspecciona y garantiza el cumplimiento de las normas; el MUR (Mecanismo Único de Resolución) crea una Single Resolution Board que aplica criterios homogéneos para intervenir entidades bancarias y evita disputas entre autoridades nacionales. A través del MUR se pretende no dar la última palabra sobre las resoluciones bancarias al supervisor, el BCE. Y, finalmente, se va a ir creando progresivamente en 8 años el Fondo de Resolución Bancaria que pretende alcanzar la cantidad de 55,000M de euros. La idea es utilizar ese fondo para los rescates empleando recursos de las autoridades nacionales si este se quedara corto. Esta solución parece parcial, pero supone un avance respecto al punto de partida. A este hay que añadir la creación del FGD (Fondo de Garantía de Depósito), financiado también con contribuciones de las propias entidades financieras.

En conclusión, se está creando un sistema mixto entre UE y los estados miembros que está suponiendo un cambio radical en quién supervisa y decide; nuevas normas homogéneas y un cambio parcial en la financiación de los rescates (mutualización parcial de los costes).

(Rescates Bancarios) La crisis financiera ha golpeado con violencia a numerosas instituciones financieras y algunas de ellas han necesitado de una profunda recapitalización. Existen dos modos de recapitalizar un banco. El bail out que consiste en un rescate recapitalizado con recursos externos, públicos o del FGD y el bail in que consiste en un rescate recapitalizado con recursos internos, bonistas, accionistas, acreedores… Durante la pasada crisis se optó por el primer modelo, pero a través de la reestructuración del sistema financiero, se pretende apostar por el segundo. En caso de quiebra, en primer lugar, los accionistas soportarán las pérdidas y a continuación serán los acreedores los que soporten las pérdidas. Justo el orden inverso a su prioridad en virtud del derecho nacional sobre insolvencia.


EL SECTOR EXTERIOR Y BALANZA DE PAGOS.

El sector exterior español ha contado históricamente con un desequilibrio entre exportaciones e importaciones que tras la pasada crisis ha mejorado. Diversos factores explican el buen comportamiento del sector exterior. Por un lado, España ha registrado en estos años un crecimiento notable de su competitividad frente a nuestros principales competidores, no sólo por la moderación de los precios y los salarios, sino también por el aumento de la productividad total de los factores. Además, ha aumentado la base

exportadora, con un número creciente de empresas que se están internacionalizando, alcanzando un aumento del 34,8% respecto a 2010. Cabe añadir además que en torno a dos tercios de nuestras exportaciones son a la UE. No obstante, debemos seguir trabajando para que, ahora que la demanda interna se recupera, la orientación de las empresas hacia los mercados exteriores no se revierta, de manera que siga aumentando el peso de las exportaciones de bienes y servicios respecto al PIB. Esto debe ir acompañado de la continuidad del crecimiento del peso de las exportaciones de mayor contenido tecnológico, algo que afortunadamente ya ha venido sucediendo a lo largo de los últimos años, pero que todavía puede mejorar.

La balanza de pagos es el registro de las transacciones monetarias entre un país y el resto. Algunas transacciones proporcionan divisas al país (exportaciones, pagos de renta de la inversión en el extranjero, inversión extranjera, préstamos de bancos extranjeros…), mientras que otras transacciones deben pagarse en moneda extranjera (importaciones, pagos de ingresos a la inversión extranjera en nuestro país, la inversión de nuestros ciudadanos en otros países, los préstamos de los bancos nacionales a los extranjeros…). Idealmente, las entradas de divisas en un país deben cubrir las necesidades de moneda extranjera. En caso contrario, la moneda tiende a apreciarse o devaluarse. Dentro de la balanza de pagos distinguimos entre cuenta corriente, cuenta de capital y cuenta financiera. La cuenta corriente hace referencia a la balanza comercial (X-M de bienes), la balanza de servicios (X-M de servicios), la balanza de rentas (cobros/pagos por rentas de factores) y balanza de transferencias (cobros/pagos por transferencias). La cuenta de capital hace referencia a los cobros/pago para inversiones. Y, por último, la cuenta financiera muestra los flujos financieros con otros países.

Lo ideal en una situación estable sería que la balanza de pagos estuviera en equilibrio, es decir, que las necesidades y entradas de moneda extranjera fueran iguales, pero la evidencia muestra que el desequilibrio es bastante común. Una acumulación excesiva de reservas en moneda extranjera conduce a la apreciación de la moneda doméstica, que se traduce en pérdida de competitividad; mientras que una disminución de reservas de divisas impulsa a la depreciación de la moneda doméstica, que se traduce en ganancias de competitividad, pero genera inflación. (recordar que si devaluar la moneda para ganar en competitividad fuera la panacea, Argentina o Venezuela serían los actuales líderes mundiales). Desde la llegada del Euro, para España los efectos sobre tipo de cambio y competitividad han disminuido considerablemente. Sin moneda europea, se devaluaría nuestra moneda año tras año. Sin embargo, la balanza de pagos sigue siendo un buen indicador de la salud de la economía, puesto que indica si la economía se está financiando con recursos externos (que por tanto algún día habrá que devolver).


TEMA 4. SECTOR PÚBLICO: FINANZAS PÚBLICAS, GASTO PÚBLICO E IMPUESTOS.

El crecimiento de un país a largo plazo depende de la sostenibilidad de sus finanzas. Un país debe maximizar su presupuesto y deuda pública para crecer con firmeza a lo largo del tiempo. De lo contrario, políticas fiscales tomadas de forma equivocada, pueden suponer una fuente de inestabilidad. Durante el tema se describe la situación financiera de nuestro país: su nivel de deuda pública y si es o no sostenible; los niveles de gasto público (qué y cómo se gasta) y los ingresos públicos y cómo se obtienen, es decir, el nivel de impuestos.


GASTO PÚBLICO.

El crecimiento del gasto público español en términos absolutos desde comienzos de siglo hasta la actualidad ha sido de entorno al 45%. No obstante, el crecimiento en términos de PIB no ha sido tan significativo. Actualmente el gasto público español supone aproximadamente el 40% del PIB, entorno a los mismos niveles de comienzos de siglo. Si bien prácticamente se mantiene, es cierto que ha habido un ligero incremento tras los años de crisis (lógicamente, descenso de la actividad = disminución del PIB; aumento del desempleo y prestaciones sociales = aumento del gasto público). Estas cotas son algo inferiores a las de la media de la Uníón Europea.

En cuanto a la composición del gasto público, destacamos tres partidas (datos 2014): El gasto en intereses 7.64%; el gasto en pensiones que supone el 26.07% y el gasto en desempleo 5.62%. En primer lugar, el gasto en intereses de la deuda está reducíéndose, pero no por la reducción de deuda, sino por la reducción de los tipos de interés. Mantener unos niveles de deuda tan elevados para cuando suban los tipos (que subirán) es contraproducente. El gasto en intereses es gasto que debes de desviar de otras partidas sociales y productivas, más allá de que emitimos deuda porque nuestro gasto es mayor que nuestros ingresos… Por otro lado, el gasto por desempleo viene disminuyéndose por la reducción de la tasa de desempleo, sin embargo, sigue estando por encima de los niveles europeos y eso supone una desventaja porque otra vez es gasto que no puedes empeñar en otras partidas. Por último, el gasto en pensiones aumenta año a año y las cotizaciones a la Seguridad Social no llegan para cubrir todo su gasto provocando déficits anuales. Es uno de los problemas más importantes en el largo plazo español, puesto que nuestro actual sistema es totalmente insostenible.

Por otro lado, otra de las carácterísticas más reséñables de nuestro gasto público es la descentralización del mismo. Actualmente, el 37% del gasto público es desviado a las CCAA y son estas las que gestionan las partidas de educación, sanidad y otras muchas competencias. El problema de esta situación es que año a año las administraciones territoriales ganan tamaño y muchas de ellas generan déficits, que soporta en última estancia el Estado (que somos todos). Esto quiere decir, que pese a tener presupuestos diferentes, Andalucía puede pagar las incongruencias en el gasto de otras comunidades autónomas como la Comunidad de Madrid (nótese la ironía). Por no añadir la ineficiencia generada por las múltiples duplicidades que encontramos en las diferentes comunidades.

En cuanto al número de empleados públicos, actualmente ronda los 2.5M de trabajadores, esto es en torno a un 15% del total de los trabajadores. De ellos, el 56% están empleados en CCAA, el 22% en la Administración Central y el 22% Entidades Locales. Actualmente, el número de empleados que hay en España respecto del total de la población roza el 6%; dentro de Europa somos uno de los países con menos funcionarios por habitante. Sin embargo, el gasto respecto al PIB en compensar (pagar) a estos empleados públicos está por encima de la media de la Eurozona. Italia con un 18% de los ocupados trabajando para el sector público gasta un 10,2% de su PIB en remunerarlos, mientras que España con un 16,5% emplea un 10,9%. Es decir, España gasta más que Italia para remunerar a un menor número relativo de empleados públicos.

En conclusión, no podemos asegurar a ciencia cierta si nuestro nivel de gasto es excesivo o insuficiente, puesto que las opiniones a este respecto son dispares. Lo que sí que debemos de tratar de controlar son los presupuestos de las CCAA. Se debe promover un sistema eficiente de financiación autonómica, puesto que en algunos casos se incumplen sistemáticamente los objetivos de déficit y es el Estado el que se hace con esa carga. Por otro lado, se debe abrir el debate sobre la descentralización del gasto, puesto que a través del aprovechamiento de las economías de escala podríamos ahorrar en costes y mejorar en calidad los servicios.


INGRESOS PÚBLICOS.

El gasto público se sostiene gracias a los ingresos y estos ingresos provienen de los impuestos. Los impuestos son tributos que son exigidos sin contraprestación, cuyo hecho imponible está constituido por negocios, actos o hechos de naturaleza jurídica o económica que ponen de manifiesto capacidad contributiva. Además de financiar los gastos, otro de los objetivos de los impuestos es redistribuir la riqueza. De cualquier modo, los impuestos distorsionan las decisiones de oferta y demanda: las horas trabajadas, las decisiones de inversión, los costes laborales, los patrones de consumo… Sin embargo, no se encuentra un vínculo empírico claro entre los niveles impositivos y el resultado económico.

La estructura impositiva de los países varía mucho de unos a otros. En España, las contribuciones sociales suponen el 37% de los ingresos; los impuestos directos un 30%; los indirectos un 25% y el resto en torno al 7%. Actualmente, los dos impuestos con los que más recauda el Estado español son el IRPF, casi 40% de los ingresos tributarios y el IVA, 32%. Por su parte, el IS depende del ciclo empresarial, pero en 2016 se recaudaron casi un 13% del total de los ingresos a través del mismo.

(SS): Las cotizaciones sociales son el porcentaje de los salarios que se hace pagar a empresarios y trabajadores para la financiación de la Seguridad Social: el seguro de desempleo, de jubilación, de accidentes de trabajo, seguro de invalidez, seguro de enfermedad…

Desde siempre ha existido el debate sobre si los tipos impositivos del país son altos o no lo son. En comparación con Europa, los impuestos directos, pese a que han bajado en los últimos años, son algo mayores que la media europea y el IVA se encuentra por debajo. En concreto, el tipo marginal máximo del IRPF español es del

45% mientras que el de la media europea es del 39.4%; el tipo nominal del IS es de del 25%, por el 22.9% de la media europea y el tipo nominal del IVA es del 21% algo por debajo de la UE. No obstante, pese a que los tipos impositivos están por encima de la media, la presión fiscal (Ingresos Públicos/PIB) en España es inferior a la de la media europea (34.6% vs. 40%).

(Comentario sistema impositivo trabajo). Nuestro sistema actual, penaliza la acumulación de capital y el ahorro, mientras que es favorecedor del consumo. Entiendo que el crecimiento estable, con cierta descorrelación de los ciclos económicos pasa por el ahorro, que no es más que sacrificar consumo de hoy para llevarlo a cabo en el futuro. Hablar de esta idea a día de hoy con este sistema impositivo se antoja muy complicado.

Por lo tanto, paradójicamente, pese a los tipos impositivos relativamente elevados la presión fiscal no lo es tanto. Caben dos explicaciones a estos efectos. El papel de los beneficios fiscales (exenciones, deducciones, bonificaciones…) y el fraude fiscal. En primer lugar, los beneficios fiscales alcanzan unos niveles del 4% del PIB. Existe un consenso teórico sobre la necesidad de reducirlos puesto que son ineficientes y terminan resultando injustos, pero no hay cuórum en dónde se deben aplicar estas reducciones. Un claro ejemplo es el efecto de los tipos reducidos del IVA. Por su parte, actualmente existe una economía sumergida muy considerable (22-24%). Otros países como Alemania o Francia cuentan con niveles del 15%. Una reducción a esos niveles se estima que supondría una recaudación de unos 20,000M de euros (-2% de déficit).

Explicados los posibles motivos de nuestro índice de presión fiscal, habría que comentar posibles medidas para una estructura fiscal deseable. En primer lugar, un problema de la imposición en España es que en la práctica tiende a “bases estrechas, tipos altos” (por culpa de la proliferación de beneficios fiscales, exenciones, bonificaciones, fraude…), mientras que sería más eficiente una fórmula que propusiera bases fiscales amplias y tipos bajos. Por otro lado, habría que mejorar la lucha contra el fraude fiscal y aplicar otras medidas como las propuestas por organismos como el FMI: disminuir las cotizaciones sociales que encarecen exageradamente el factor trabajo de una economía cuyo principal problema es la tasa de desempleo y aumentar del tipo impositivo del IVA y de los IIEE a niveles europeos.

(En Resumen) La estructura fiscal española es mejorable. Cuenta con una progresividad mayor que la de otros países, que provoca importantes distorsiones; presenta una baja fiscalidad del consumo, que encarece relativamente el ahorro, y un elevado peso de las cotizaciones sociales, que encarece el factor trabajo y, por último, tiene un amplio margen de mejora en cuanto a transparencia, neutralidad, sencillez, eficiencia y equidad. Por ello, se hace necesaria una devaluación fiscal, que aumentaría el PIB, el empleo y el consumo privado; mejoraría la competitividad externa y la sostenibilidad y ayudaría a reducir la desigualdad. Además, es fundamental tener tolerancia cero con el fraude fiscal de tal modo que aumenten los incentivos para no eludir impuestos y se pongan en funcionamiento mecanismos efectivos de inspección.


FINANZAS PÚBLICAS.

La política fiscal es el conjunto de decisiones que toma el Estado sobre el gasto público (sanidad, educación, defensa, infraestructuras…) y los ingresos públicos (impuestos principalmente pero también tasas, ventas de activos…). La política fiscal se formula en detalle una vez al año en el presupuesto público que aprueba el Parlamento. Tanto los Presupuestos Generales del Estado, como los Presupuestos de las CCAA. Por su parte, la política fiscal puede ser expansiva, si tiene como objetivo estimular la economía aumentado el gasto público o bajando los impuestos; contractiva, si pretende enfriar la economía reduciendo el gasto público o subiendo los impuestos o neutral si las decisiones de gasto y de ingresos se compensan en términos de su contribución al PIB.

(Saldo Presupuestario): entendemos como saldo presupuestario el conjunto de ingresos menos el gasto público de un país en un año. Si la diferencia es positiva (I>G) hablamos de súperávit, mientras que si es negativa (I<G) hablamos de déficit. Si obtenemos déficit, es porque hemos gastado más de lo que hemos ingresado; y si eso sucede debemos financiar esa parte de más que hemos gastado. Esto se hace a través de la deuda, que no es más que la cantidad total que deben las administraciones públicas (el resultado acumulado de los déficits a lo largo del tiempo).

La política fiscal ha de tener una serie de límites puesto que afecta a varios factores de la economía de un país. En primer lugar, afecta a la solvencia del país. Los aumentos de gasto público pueden cubrirse elevando los impuestos, recortando otras partidas o aumentando los niveles de deuda. Igual que las familias, los gobiernos pueden acumular deuda hasta el punto en que pueden atenderla razonablemente dada su renta, PIB del país. Una acumulación excesiva de deuda resulta en que el país se vuelva insolvente e incurra en impago o default. Por otro lado, el gasto público y los déficits públicos tienen efectos colaterales negativos en la actividad del sector privado. En primer lugar, puede existir un efecto crowding out debido a que el sector público compite con el privado por los recursos financieros encarecíéndolos, mientras que, por su parte, en caso de déficit, se están trasfiriendo cargas financieras a las generaciones futuras, que tendrán que pagar con impuestos.

Para el análisis del saldo presupuestario del país, debemos distinguir una serie de variables. En primer lugar, el saldo presupuestario es la capacidad o necesidad de financiación, es decir, los ingresos públicos menos los gastos; en segundo lugar, el saldo primario se calcula excluyendo los intereses por pago de la deuda, esto es, I – G + intereses. Por su parte, el saldo presupuestario lo podemos dividir en estructural y cíclico. El primero son los ingresos menos los gastos permanentes, es decir, los que habría descontado el ciclo económico (0 output gap), mientras que el segundo sería el déficit o súperávit añadido por el ciclo económico.

Como hemos mencionado, si incurrimos en déficit, generamos deuda. Llamamos sostenibilidad de la deuda a nuestra capacidad para pagarla. La sostenibilidad se mide a través del ratio deuda/PIB. La sostenibilidad se deteriora cuando la deuda crece más deprisa que el PIB nominal. En particular, cuando el tipo de interés de la deuda es persistentemente mayor que el crecimiento nominal del PIB, el sector público se vuelve insolvente. Por ello, la solvencia depende también de las condiciones monetarias. Si el

déficit primario fuera 0, el total del déficit serían los intereses de la deuda (ejemplo PAG 65). De este modo la condición de solvencia de la deuda incluye:

d (crecimiento deuda) = r (tipos de interés) = y (crecimiento PIB real) + p (crecimiento precios)

Tras la crisis, el déficit generado año a año por el Estado español ha sido muy elevado. Pese a que se ha ido reduciendo en los años posteriores, se ha hecho por debajo de los objetivos impuestos por la UE. El problema del déficit se concentra en dos partidas: el insostenible sistema de pensiones y el sistema de financiación autonómico. Como hemos comentado, la generación de déficit no es gratuita: los niveles de deuda actuales alcanzan el 100% del PIB y casi dos tercios de la actual deuda se han originado en los años de la crisis (Desde 2009 la deuda pública ha aumentado desde el 35% del PIB hasta el 100%). No obstante, pese a que las tasas actuales de crecimiento de la deuda no son sostenibles, es una situación que han vivido la mayor parte de los países en Europa.

Esta generación de deuda provocada por el excesivo déficit ha de revertirse. Esta urgencia y el escenario de bajos tipos de interés presentan una buena oportunidad para restaurar nuestras finanzas y abandonar el déficit primario. Sin embargo, existen una serie de dificultades políticas, puesto que la mayoría de las medidas de recorte del déficit, y económicas, pues parte del crecimiento español se sustenta en el gasto público que harán complicado el cumplimiento de los objetivos de déficit. Lo que está claro es que existe un verdadero desajuste entre ingresos y gastos y su solución requiere una restructuración presupuestaria global.


TEMA 5. EL SISTEMA FINANCIERO.
FUNCIÓN Y ELEMENTOS DEL SISTEMA FINANCIERO.

Cualquier sistema económico cuenta con una serie de agentes (individuos, empresas y administraciones públicas) con recursos excedentarios que están dispuestos a prestarlos y también con una serie de agentes deficitarios dispuestos a tomar prestado. La función principal del Sistema Financiero es canalizar los recursos financieros de los agentes excedentarios a los deficitarios. Un Sistema Financiero está conformado por los siguientes elementos: los mercados financieros, tanto monetarios (FOREX), como de capitales (la Bolsa); los intermediarios financieros, bancos y otras entidades de crédito, así como, fondos de inversión y de pensiones o compañías de seguros; y, por último, los reguladores y supervisores (BE, CNMV…), que procuran asegurar la estabilidad financiera y proteger a los clientes e inversores.

  • –  Bancos: Son sociedades anónimas cotizadas. Pueden ampliar capital recurriendo al mercado.

  • –  Cajas de Ahorro: Propiedad no transferible con un sistema de gobernanza sui generis. Solo pueden ampliar capital con cargo a beneficios retenidos.


CarácterÍSTICAS Y ESTRUCTURA DEL SISTEMA FINANCIERO ESPAÑOL.

El sistema financiero español ha experimentado un enorme crecimiento durante los últimos treinta años. Una de sus carácterísticas principales es su elevado grado de bancarización (ESP vs USA Crédito Bancario: 178% PIB vs 55% PIB & Capitalización bursátil: 39% vs 102%). Así mismo, los fondos de inversión son relativamente pequeños frente a las entidades de crédito. Por otro lado, el sistema financiero español está abandonando el efectivo y los depósitos para alojarlos en renta variable.

En cuanto al sistema bancario, la desregulación y el aumento de la competencia (nuevos mercados, competidores no bancarios, nuevas tecnologías… ha provocado que desde mediados de los 80, se procediese a un intenso proceso de fusiones y concentraciones (BBVA, BSCH…). A su vez, el sistema bancario español ha destacado también por el elevado número de cajas de ahorro (hasta 2010 supónían aproximadamente el 50% del negocio de la banca). Por último, numerosos bancos españoles han apostado por la internacionalización del negocio por un lado a Latinoamérica y por otro a Europa. Todo ello ha resultado en la existencia de una competencia relativamente intensa en el negocio y una red comercial sobredimensionada. Hasta la llegada de la crisis…

Desde finales de los años noventa hasta la crisis el endeudamiento de familias y empresas crecíó enormemente. Con la llegada de la crisis, comenzó la morosidad y los problemas de solvencia para los bancos y cajas. Este problema provoca una necesidad de recapitalización del sistema, particularmente en el sector de las cajas, puesto que como

hemos comentado no pueden ampliar capital acudiendo al mercado. Así, desde el año 2009 comienza el proceso de restructuración bancaria de estos últimos años y las políticas públicas (españolas y europeas) para estabilizar el sector. Principales elementos de la restructuración bancaria han sido los procesos de fusión e integración de entidades; larecapitalización con fondos públicos (rescates); la recapitalización con fondos privados (provisiones); la creación de la SAREB (“banco malo”) y el saneamiento de los balances; los cambios profundos en la regulación bancaria y la financiación del BCE a las entidades bancarias en condiciones privilegiadas (en principio transitoria pero sostenida a día de hoy)

(Fusión Cajas) En cuanto al proceso de fusión e integración de entidades, de un total de 45 Cajas de Ahorros (a comienzos de 2010), 43 han participado o se encuentran participando en algún proceso de consolidación, lo que en volumen de activos totales medios representa el 99,9% del Sector. Por su parte, el Sector ha pasado de contar con 45 entidades, con un tamaño medio de 29.440 millones de euros (Diciembre de 2009), a estar formado por 11 entidades o grupos de entidades, con un volumen medio de activos de 91.189 millones (Diciembre de 2014). Este hecho ha provocado que el número de oficinas de las Cajas de Ahorros haya descendido un 36,7% (8.494 oficinas) y que el número de empleados de las Cajas de Ahorros se haya reducido un 33,4% (41.391 empleados). Estos números ponen de relieve la sobredimensión que existía en el sector.


MEDIDAS DE REFORMA FINANCIERA.

1. Primer apoyo a la reestructuración bancaria: Constitución del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) con una dotación inicial de 9.000 millones de euros. Tiene por objeto gestionar los procesos de reestructuración y resolución de entidades de crédito y contribuir a reforzar los recursos propios de las mismas.

2. Reforma del Sector de Cajas de Ahorros: además de promover las fusiones, se delimita su actividad y restringen y endurecen sus órganos de gobierno; no podrán ser miembros de los órganos de administración los cargos ejecutivos de partidos políticos, sindicatos y asociaciones profesionales, los cargos electos de Administraciones Públicas, altos cargos de las Administraciones Públicas, o personas que lo hayan sido en los dos años anteriores.

3. Creación de las fundaciones: Las fundaciones bancarias son una nueva figura que, sin ser una entidad financiera, está sujeta a supervisión por parte del Banco de España en su condición de accionistas cualificados de un banco. Todas las cajas de ahorros españolas, obligadas por ley, serán fundaciones bancarias. Esta figura se ha hecho necesaria debido al memorando de entendimiento (MOU) firmado por España como consecuencia del rescate de su sistema bancario, no tanto porque éste lo exija así, sino por evitar algunos problemas y actuaciones del pasado, sobre todo por evitar la politización en sus consejos. Así, la obra social, el que fuera el objetivo fundacional de las antiguas cajas de ahorros, quedará protegida en la nueva fundación. Con la nueva ley se ha pretendido, sobre todo, aumentar la solidez y competitividad de nuestro sistema financiero a través de dos líneas básicas: la capitalización de las

cajas, facilitando su acceso a recursos de máxima categoría en iguales condiciones que otras entidades de crédito, y la profesionalización de sus órganos de gobierno.


RETOS DEL SISTEMA FINANCIERO ESPAÑOL (artículo).
Condiciones macroeconómicas sin precedentes que afectan a la rentabilidad en

1. el corto plazo

Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el sector bancario hoy en día es cómo recuperar la rentabilidad en un entorno de tipos de interés persistentemente bajos. Siendo esto cierto, la evidencia histórica sugiere que los bancos son sensibles al estado general de la economía, tanto o más que a la política monetaria. Así, una reducción de la tasa de desempleo, una aceleración del crecimiento del PIB o una mejora de los precios de la vivienda y de otros activos gracias a la relajación monetaria beneficiarían a la cuenta de resultados de los bancos, compensando la caída de márgenes resultante de un enfoque de política monetaria basado en la expansión cuantitativa (que).

2. Una regulación más estricta puede afectar a los beneficios y la capacidad de concesión de crédito a medio plazo

La adopción de una regulación financiera más estricta, fundamentalmente reflejada en mayores requerimientos de capital, apalancamiento y liquidez, debería suponer una traba adicional para la rentabilidad y el crédito al tiempo que los bancos se esfuerzan para cumplir con las nuevas obligaciones. El objetivo de los reguladores es lograr unos mayores niveles de solvencia y capital, mientras que la aspiración de los inversores es obtener unos mayores beneficios, y el deseo de los responsables de la política económica es que el crédito fluya más fácilmente a la economía. Estos objetivos no son enteramente compatibles.

Una regulación más estricta afectará probablemente a los bancos desde tres vertientes distintas: rentabilidad, crecimiento del crédito y modelo de negocio/estructura del sector. En opinión de la mayoría de los analistas, unas exigencias superiores de capital provocarán una disminución de ROE, al encarecer el coste del capital; en cuanto al crédito, muchas entidades probablemente serán más selectivas a la hora de conceder crédito o incluso reducirán su actividad para adaptarse a las mayores exigencias; por último, existen cambios posibles en los modelos de negocio bancario que incluyen: i) modificación de productos y servicios; ii) el desplazamiento de determinadas actividades rentables al sector del shadow banking, menos regulado; iii) el aprovechamiento de una implementación de Basilea III no coordinada en la que algunos países lo implementan antes que otros.; y, iv) el abandono total de actividades no estratégicas.

3. El cambio tecnológico disruptivo generará tanto oportunidades como amenazas a largo plazo

Además de las complejidades ligadas a un entorno de tipos de interés bajos y una mayor carga regulatoria, las entidades se enfrentan hoy en día a un reto adicional: cómo responder a la aparición de cambios tecnológicos disruptivos. La digitalización y la penetración de proveedores de servicios financieros alternativos a los bancos constituyen dos tendencias imparables a nivel global.

El presidente de BBVA, Francisco González, fue uno de los primeros banqueros españoles que alertó de la nueva competencia que estaba aflorando. «Estos nuevos jugadores están cubriendo todas las partes de la cadena de valor», reconocíó este banquero en un encuentro celebrado, hace apenas un mes, con sus consejeros regionales en México. Es más, advirtió de que los préstamos habían dejado de ser un negocio «exclusivo» de la banca.

En este sentido, González fue claro al reconocer que «los bancos no pueden seguir refugiándose en las barreras regulatorias que hasta ahora les protegían», sino que deben cambiar rápido si no quieren ser reemplazados por los nuevos jugadores digitales. La única «ventaja competitiva» de la que gozan los bancos es «la gran cantidad de información» que tienen de sus clientes, en palabras de González.

4. Retos del sistema financiero español

Los desafíos expuestos, traerán consigo una serie de consecuencias. La enorme presión para reducir los costes, ya provoca y provocará la reducción de las plantillas y de las redes de oficinas. Para ganar en rentabilidad es lógico que se continúen produciendo fusiones y adquisiciones para ganar eficiencia y mejorar la rentabilidad y, por último, el negocio de la banca va a quedar totalmente redefinido.

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